Si valoramos el capital intelectual como el activo más importante de una empresa, es evidente que el grado de desarrollo personal de sus integrantes pasa a ser un elemento clave.

En el caso de los directivos y profesionales, como responsables de impulsar los avances en las organizaciones, el Autoconocimiento se convierte en una herramienta fundamental para el crecimiento personal y profesional. 

Cómo ha cambiado el papel de los directivos y profesionales

A finales del siglo XVIII se produjo la Primera Revolución Industrial impulsada por la introducción de la máquina de vapor en la industria. Aproximadamente un siglo después, tuvo lugar la Segunda Revolución Industrial de la mano de la energía eléctrica y el motor de combustión interna. Tendría que pasar otro siglo hasta la Tercera Revolución Industrial, esta vez promovida por las nuevas tecnologías y las comunicaciones. 

Sin embargo, apenas 40 años después empezó a consolidarse la Cuarta Revolución Industrial, en la que aparece el concepto de Industria 4.0, impulsada por los sistemas ciberfísicos y el Internet de las Cosas, en el que las máquinas ya son capaces de comunicarse entre sí para tomar decisiones, sin la intervención del ser humano. 

Aparte del evidente ritmo de aceleración de los cambios de la industria en estos últimos años, se han producido dos hechos de gran relevancia: 

  1. En las 3 revoluciones anteriores fue la industria la que impulsó los cambios en la sociedad, mientras que en el momento actual son los clientes los que les dicen a las empresas lo que quieren y cómo lo quieren. 
  2. La cuarta revolución industrial da el salto a las empresas con el concepto de Transformación Digital.

Revolución Industrial

Las consecuencias de estos dos hechos nos muestran que estamos en un Cambio de Era, pasando de la Era Industrial a la Era del Conocimiento. 

Y esta transición debe estar liderada por los directivos y profesionales de las empresas, que necesitan llevar a cabo un proceso de Autoconocimiento para ser capaces de ayudar a sus equipos a desarrollarse personal y profesionalmente. 

¿Qué es y para qué sirve el Autoconocimiento?

El Autoconocimiento consiste en buscar en nuestro interior lo que hasta ahora siempre hemos buscado fuera. Para conocernos solo tenemos que mirar hacia nuestro interior. Lo que sucede es que estamos tan poco acostumbrados a ello que da un poco de miedo. Porque es posible que lo que veamos no nos guste o nos haga sentir mal.

¿Es el Autoconocimiento un acto egoísta?

Aunque en un primer momento pueda parecerlo, el autoconocimiento no es un fin en sí mismo. Aprender a ser felices por nosotros mismos es el primer paso, no el final del trayecto. Así, el autoconocimiento es un medio que nos permite conocernos más en profundidad para poder así ponernos en orden. 

Cuando estamos a gusto y en paz con nosotros mismos, podemos empezar a estarlo con los demás y con la vida. Es decir, que nuestro equilibrio interno nos permite ser mejores. Y mejores quiere decir más conscientes y objetivos. 

“Últimamente parece que las personas ya no saben cuidar de sí mismas y buscan su felicidad en los demás.”

Sin embargo, cuanto más cuido de mí mismo, menos resentimiento e irritación tengo, y más cariñoso me muestro conmigo mismo y con los demás. Por este motivo es tan importante pararse de vez en cuando y preguntarse: 

¿Cuál sería la mejor manera de cuidar de mí mismo en este momento? 

Se trata de ser conscientes de lo que estamos haciendo en ese momento y decidir lo que de verdad queremos hacer a continuación. Me trato a mí mismo como me gustaría que me tratasen los demás. Cada uno de nosotros sabe lo que es bueno para él. Sólo necesitamos detenernos el tiempo suficiente para hacer caso de nosotros mismos. 

Si me detengo un minuto y soy más consciente, puedo cambiar mi actitud y con ello puedo cambiar el día entero. 

¿Realmente nos conocemos?

Nuestra identidad está formada por un conjunto de conceptos agrupados en torno a tres temas principales: 

  • Creencias
  • Valores
  • Emociones

EneagramaUna de las herramientas más comunes para iniciar este proceso de Autoconocimiento es el Eneagrama de la Personalidad, que es como un manual de instrucciones de la condición humana que nos permite conocer las motivaciones profundas que se esconden detrás de nuestras conductas y actitudes. 

La palabra “Eneagrama” significa en griego “nueve líneas”. Principalmente porque describe, a grandes rasgos, nueve tipos de personalidad, cada uno de los cuales cuenta con su propio “modelo mental”. Y este vendría a ser como unas gafas a partir de las cuales filtramos la realidad. 

Este esqueleto psicológico también determina qué nos mueve a ser cómo somos y a hacer lo que hacemos; cuáles son nuestros principales rasgos de carácter, incluyendo nuestros defectos y cualidades; qué deseamos y de qué tenemos miedo; e incluso cuál es la piedra emocional con la que tropezamos una y otra vez a lo largo de nuestra vida. 

No hay tipos buenos ni malos. Lo interesante de este proceso es conocerse mejor para entender nuestras reacciones ante ciertas situaciones que se repiten una y otra vez a lo largo de nuestra vida. 

Cuestionar el sistema de creencias

Lo que nos hace sufrir no tiene nada que ver con lo que nos pasa, sino con lo que pensamos sobre lo que nos pasa. De esta forma, no deberíamos centrarnos en cambiar nuestras circunstancias, sino nuestra manera de interpretarlas. Nuestro sufrimiento realmente proviene de no ver cumplidos nuestros deseos y expectativas. 

“Mientras que el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional.“

Esas interpretaciones que hacemos de lo que nos pasa son la consecuencia de reaccionar en base a una serie de creencias limitantes con las que hemos sido condicionados por la influencia de nuestros padres en particular y de la sociedad en general. 

En nuestro proceso de Autoconocimiento tenemos la oportunidad de revisar esas creencias y decidir cuales nos sirven y queremos conservar, cuales ya no nos valen y queremos descartar, y que otras nuevas creencias queremos incorporar.

Lo que buscamos es aumentar nuestro nivel de “consciencia”. Es decir, lo que separa lo que nos ocurre de nuestra reacción. Cuando menos consciencia más reactivos somos. Sin embargo, conforme vamos aumentándola, somos capaces de dejar de reaccionar instintivamente a lo que nos ocurre y decidir conscientemente nuestra actitud en cada momento.

Es importante recordar que nuestra actitud siempre es una elección y que, nos pase lo que nos pase, nuestra reacción solo depende de nosotros mismos.