Estos días he tenido varios momentos conectados con el tema de la motivación y sobre el desarrollo personal y profesional, así que me he decidido a hacer una pequeña reflexión al respecto.

Por una parte, en un curso que he impartido sobre Habilidades Directivas, surgió (como era inevitable) el tema de la motivación. Aproveché que estoy terminando de leer el libro La sorprendente verdad sobre qué nos motiva” de Daniel H. Pink, para sacar algunas conclusiones interesantes.

Motivación

El autor denomina la clásica motivación “Palo o Zanahoria” como la “Motivación 2.0”. A la 1.0 le asigna el papel de instinto de supervivencia.

Lo que me llama mucho la atención al respecto, es su teoría sobre dos tipos principales de motivación:

  • La motivación intrínseca, derivada de la satisfacción propia por hacer bien una tarea, y que emana de nosotros mismos.
  • La motivación extrínseca, que viene soportada por un incentivo externo.

Trabajo Algorítmico, vs. Trabajo Heurístico.

A su vez, diferencia las tareas en dos tipos:

  • Trabajo Algorítmico: Una tarea algorítmica es la que consiste en seguir una serie de instrucciones en un único recorrido que lleva a una sola conclusión. Es decir, hay un algoritmo para resolverla. 
  • Trabajo Heurístico: Una tarea heurística es todo lo contrario: precisamente porque no existe un algoritmo para resolverla, tienes que experimentar con posibilidades y deducir una solución nueva.

Trabajar de cajero de un supermercado es básicamente algorítmico: haces prácticamente lo mismo una y otra vez de una determinada manera. Crear una campaña de publicidad es básicamente heurístico: tienes que inventar algo nuevo.

En sus diferentes estudios, Pink ha podido constatar que la existencia de incentivos externos puede “matar” la motivación intrínseca, convirtiendo algo que era una satisfacción en una obligación.

Las gratificaciones y los castigos externos (tanto el palo como la zanahoria) pueden funcionar correctamente con los trabajos de tipo algorítmico, pero pueden ser terribles para los de tipo heurístico. La motivación intrínseca nos lleva a la creatividad; controlar la motivación intrínseca va en detrimento de la creatividad.

“Añadir cierto tipo de gratificaciones externas a tareas inherentemente interesantes a menudo puede estropear la motivación y mermar el resultado.”

La conexión de esta reflexión sobre la motivación a la del desarrollo personal y profesional me viene por el hecho de que conozco muchas personas que quieren seguir creciendo, pero no saben cómo hacerlo. En algunos casos les falta esa motivación para ponerse en marcha; en otros lo que falta es disciplina.

Cuando trabajo en proyectos de desarrollo organizacional una de las áreas clave es el crecimiento de los líderes y de los directivos en general. Suelen estar muy centrados en el trabajo operativo, el del día a día, pero no dedican ni un minuto de su tiempo a desarrollarse y a desarrollar a sus equipos. Cuando tratamos el tema, surgen diferentes palabras clave:

  • Tiempo: al final, todos tenemos el mismo tiempo disponible, así que como siempre, se trata más bien de establecer las prioridades y aprender a delegar.
  • Motivación: parece que es mucho más motivador resolver tareas del día a día que centrarse en tareas de dirección. La recompensa de esto último es a medio y largo plazo, mientras que el día a día tiene un retorno inmediato.
  • Disciplina: una vez que las personas identifican sus áreas de mejora, lo siguiente es dar un paso detrás de otro hacia los objetivos marcados. En este camino la disciplina es fundamental. Para ayudar a consolidar los cambios es útil ayudarse de herramientas que nos permitan ir convirtiendo esos cambios en hábitos. En estos casos, un gestor de tareas es un buen aliado.

En resumen, tenemos que encontrar nuestra propia motivación y decidir hacia dónde queremos enfocar nuestras mejoras, tanto en el plano personal como en el profesional. Tenemos a nuestra disposición mucha información, herramientas y personas que nos pueden ayudar. Lo importante es ponerse en marcha.