El título del post, que es una cita de Thomas Fuller (aunque aparece atribuida también a otros autores) me ha venido últimamente mucho a la mente porque los clientes de proyectos de desarrollo organizacional suelen decir mucho “es que no es fácil”.

La cuestión es que yo nunca uso la expresión “es fácil” cuando presento las propuestas.

En mi época de estudiante de secundaria muchos de mis amigos, que estudiaban bachillerato, tenían una asignatura de música e incluso tocaban la flauta. Yo hice Formación Profesional antes de pasar a Ingeniería porque quería una base técnica más fuerte. Nosotros no teníamos música.

Hace poco más de un año empecé a dar clases de solfeo y piano. Está siendo un buen reto estudiar “de mayor” una disciplina en la que normalmente se empieza de niño, y me supone mucho esfuerzo.

Cuando cogemos una obra nueva, la primera fase es “montar la pieza”. Para mi sorpresa, las partituras se llenan de marcas a lápiz que te ayudan a ir progresando. Marcas sobre la digitación, los tiempos, etc.

A mi profesora le encanta la parte de “montar la pieza”. A mi me encanta tocarla cuando ya la tengo dominada. Lo curioso es que, una vez dominada, recuerdo lo difícil que me resultaban algunos compases cuando estaba aprendiendo a tocarla y lo fácil que me parecen luego, y lo que disfruto tocándola.

EsfuerzoSin embargo, tengo que pasar esa etapa difícil de aprendizaje para poder disfrutar después. Si me dejara llevar por ese pensamiento de “esto es muy difícil y no lo voy a conseguir nunca” jamás llegaría a tocar una pieza lo bastante bien como para disfrutarla.

En los procesos de desarrollo organizacional suele ocurrir algo parecido. Tras el análisis de la situación actual y el planteamiento de un proyecto, empieza una etapa en la que tengo que escuchar a menudo “es que no es fácil”.

Parece como si los directivos necesitaran que los consultores les digamos que sí, que es muy difícil, que lo dejen. Pues no, resulta que si quieres mejorar algo tienes que esforzarte.

Lo que ocurre es que en nuestra sociedad el esfuerzo está mal visto. Lo más fácil es atribuir los éxitos al talento y así los que no tenemos no hace falta que nos esforcemos.

Podemos convertir las cosas difíciles en fáciles a base de esfuerzo, constancia y dedicación. Veo el mismo caso con los idiomas. Conozco a muchas personas que llevan muchos años yendo a clases particulares de inglés sin conseguir mejoras significativas.

En todos los casos la oportunidad de mejora pasa por la disciplina necesaria para realizar aquellas tareas que nos acercan a nuestro objetivo, aunque nos parezcan difíciles, y repetirlas hasta alcanzarlo.

“Disciplina es hacer lo que tienes que hacer aunque no te apetezca.”

En el caso de Desarrollo Organizacional, uno de los motivos por lo que hay muchas personas instaladas en la mediocridad es el rechazo al esfuerzo diario para superarse. Es más gratificante realizar tareas operativas y apagar fuegos continuamente. Al parecer, las recompensas a corto de plazo de ver cosas resueltas son más atractivas que la visión a medio o largo de plazo de alcanzar un objetivo superior.