En la actualidad es bastante frecuente encontrar procesos de mejora organizacional dentro de las empresas. Hay organizaciones que empezaron como un pequeño proyecto personal y han ido evolucionando hasta convertirse en empresas que necesitan de nuevas habilidades directivas.

Dentro de estos procesos suele haber una parte importante orientada al desarrollo profesional del líder y de los demás directivos.

En estos casos mi recomendación es tener cuidado con los modelos de referencia que se toman para el desarrollo, tanto personal como profesional.

En un proceso de este tipo, lo primero es identificar las habilidades que se quieren potenciar, tanto de tipo técnico como de gestión de personas. Si es un proceso con acompañamiento, ya sea de mentoring o de consultoría, el mentor o el consultor se convierten con facilidad en el modelo de referencia si tienen bien desarrolladas las habilidades que nosotros queremos potenciar.

Y aquí es donde puede producirse la situación crítica. Aunque las habilidades a desarrollar sean comunes a la mayor parte de los directivos y responsables de departamentos, cada persona partirá de un punto diferente y tendrá una capacidad específica para llevar a cabo esas mejoras.

Eso significa que aunque pongan todo su empeño, unos directivos alcanzarán antes sus objetivos de crecimiento que otros. Es más, hay habilidades que es muy difícil desarrollar a partir de un momento de nuestra vida. Según los especialistas, estas son algunas de ellas:

  • Visión estratégica
  • Orden
  • Constancia

El riesgo de los modelos de referencia por encima de nuestras posibilidades reales de desarrollo es la frustración que nos puede generar el hecho de no llegar nunca a ser como ellos.

Habilidades

Tenemos que ser conscientes de nuestras limitaciones en el desarrollo de ciertas habilidades, si las hubiera. Y ese caso, ¿qué hacemos?

Nuestra mejor oportunidad es compensar con otras habilidades y con los medios a nuestro alcance aquellas que no podamos desarrollar.

Por ejemplo:

1. Orden
Si tenemos tendencia a ser desordenados, podemos utilizar una parte de la filosofía Kaizen como ayuda: “Un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio”. Esto se aplica normalmente en entornos productivos, pero podemos adaptarlo fácilmente a nuestro espacio de trabajo, tanto físico (mesa de despacho, cajones, armarios) como digital (estructura de carpetas en el ordenador, archivos, escritorio).

2. Constancia
Si nos cuesta mantener las cosas que ponemos en marcha, podemos utilizar herramientas provisionalmente hasta que lo convirtamos en un hábito: alarmas, recordatorios, post-it en los lugares adecuados.

3. Visión estratégica
Si no somos capaces de desarrollarla y tenemos la responsabilidad del liderazgo, podemos buscar una adjunto que nos complemente.

El objetivo de esta reflexión es poner el foco en que los procesos de desarrollo profesional son una pieza clave en el crecimiento de las empresas y que tenemos que analizar si en alguna de las habilidades que estamos tratando de desarrollar no podemos alcanzar el nivel deseado.

Si somos conscientes de ello, en lugar de generarnos una frustración que podría perjudicar al proceso completo, tendremos la oportunidad de compensarlo con otras habilidades o con medios a nuestro alcance.