En estos últimos meses se nota un cambio de tendencia en el mercado. Parece que vuelven los ánimos renovados y las ganas de sacudirse el gris de estos años de crisis que parece que no se van a terminar nunca.

Veo más anuncios de ofertas de empleo y de opciones de colaboración para proyectos. Las empresas buscan nuevas oportunidades y tratan de captar el talento disponible en el mercado. Aunque hay que ser prudentes porque sigue habiendo muchos casos decepcionantes, como comentaba en este artículo de hace unos años que sigue estando en vigor desgraciadamente, considero que hay espacio para el optimismo.

Las empresas quieren mejorar su posición en el mercado. En unos casos se trata de aumentar la cuota de mercado, en otros de abrir un proceso de internacionalización, algunas empresas buscan profesionalizar a su equipo.

Y aquí es donde viene mi duda.

Los que nos dedicamos al desarrollo empresarial podemos poner a su disposición un gran abanico de posibilidades de mejora, desde herramientas de organización hasta procesos de formación, pasando por cuadros de mando, procesos de coaching ejecutivo, coaching de equipo y un largo etcétera de productos y servicios.

La cuestión es que la empresa ha llegado hasta donde está por una serie de factores clave que han sido combinados de una manera concreta para conseguir un resultado más o menos exitoso. El reto ahora viene dado en distinguir cuales de los factores que nos han traído hasta aquí siguen siendo válidos y cuales hay que renovar o cambiar.

En algunos proyectos me encuentro con la petición del propietario/gerente de una PYME de un proceso de desarrollo personal/profesional. La empresa está obteniendo buenos resultados y tiene la suficiente visión como para saber que este es un buen momento para invertir en desarrollo.

“Los cambios y mejoras hay que hacerlos cuando las cosas van bien”

No suele ser habitual , porque la mayoría de empresarios piensan “Si esto va bien, ¿para qué vamos a cambiar nada?”. Sin embargo, cuando las cosas van mal solo se piensa en la supervivencia, por lo que la iniciativa de hacerlo cuando van bien me parece una excelente oportunidad.

En estos casos, la duda me llega sobre cuales de las habilidades-capacidades-rasgos de personalidad del empresario conservar y cuales renovar. Hay empresarios sin formación alguna que han llevado a su empresa al éxito repetidamente. No han leído a Peter Drucker ni a Stephen Covey. No han hecho un MBA y en algunas ocasiones no han leído apenas un libro en su vida. Si embargo, desde mi punto de vista son buenos empresarios. Queridos por su gente, respetados por sus competidores, avalados por el éxito continuado en un mercado exigente.

Es en estos proyectos donde pongo aún más cuidado a la hora de seleccionar los procesos de desarrollo, aplicando el máximo respeto a los méritos de cada uno y a los éxitos conseguidos.

* La imagen destacada es de la galería de Pablo Fernández en Flickr