Una persona puede hallarse al frente de una empresa habiendo recorrido diferentes caminos, sobre todo en el caso de las PYMEs:

  • Montar su propia empresa
  • Tomar el testigo en una empresa familiar
  • Acceder al puesto directamente como directivo con experiencia
  • Acceder al puesto por ascenso, desarrollando carrera dentro de la empresa
  • Acceder al puesto temporalmente como Interim Manager

Todos estos caminos implican haber crecido personal y profesionalmente a lo largo de los años, acumulando experiencia y aprendiendo de los errores y de las personas con la que se ha compartido el camino.

Lo que diferencia el primer caso de los demás es que, además de las habilidades y competencias necesarias para dirigir una empresa, hay que tener un espíritu emprendedor. Y ahí es dónde radica el problema adicional.

Las cualidades más importantes que hacen falta para montar una empresa propia partiendo de cero son diferentes de las necesarias para dirigir una empresa ya consolidada.

Un emprendedor tiene que ser atrevido, capaz de arriesgarse para conseguir su sueño, creativo, con una visión de lo que quiere conseguir y de cómo hacerlo de manera diferente a los demás.

En muchas ocasiones los emprendedores empiezan su trayectoria profesional poco preparados, aportando más ilusión, esfuerzo y perseverancia que experiencia. En otros casos, inician su actividad por cuenta propia tras haber trabajado para otros en sus primeras etapas profesionales.

En ambas situaciones, el emprendedor no ha estado desarrollando la labor que ahora enfrenta. He conocido a muchos profesionales que tras trabajar para empresas muchos años han decidido montar una empresa del mismo tipo por su cuenta. Durante la década anterior a la crisis de 2008 era habitual en sectores relacionados con la construcción, debido a la fuerte demanda y a la alegría del mercado. Albañiles, electricistas, fontaneros, carpinteros y demás oficios.

Sin embargo, no es lo mismo saber montar instalaciones de electricidad, climatización o de cualquier otro tipo, que dirigir una empresa de ese sector. Las habilidades necesarias cambian sus prioridades, dejando en segundo plano la experiencia y conocimientos técnicos para poner en primer lugar las habilidades de dirección, gestión de personas, negociación, finanzas y estrategia, entre otras.

Cuando un emprendedor va cubriendo etapas y su empresa crece, llega un momento en el que debe dar el salto y convertirse en empresario. A partir de ese punto, su prioridad debe ser garantizar el futuro de la empresa y de las personas que la componen. Es necesario cambiar el balance entre el riesgo y la consolidación, manteniendo la suficiente savia innovadora como para seguir conservando la ventaja competitiva, al tiempo que se mira el resultado de explotación y se busca sacar partido a la posición que se ocupa en el mercado.

Este cambio de rol suele colocar al emprendedor en una etapa crítica, donde a menudo le asaltan temores sobre su capacidad como empresario. Por este motivo es fundamental desarrollar un proceso de acompañamiento y formación, que le permita abordar estos cambios con confianza.

Para este proceso puede acompañarse de un mentor que le ayude a identificar sus fortalezas y sus áreas de mejora con el fin de:

  • Aumentar su capacidad para asumir retos.
  • Mejorar su confianza.
  • Aumentar sus contactos profesionales.
  • Mejorar su aprendizaje del rol que se espera de ellos de una forma más
  • rápida y práctica.
  • Adquirir una mayor experiencia gracias a la observación del modelo que representa su mentor.
  • Mejorar su capacidad de gestión el tiempo.
  • Aumentar su capacidad organizativa.

La figura del mentor puede ser un buen catalizador que ayude al emprendedor a convertirse en empresario con confianza en sí mismo y con la convicción de que es capaz de aportar a la empresa tanto valor en esta etapa como lo hizo en la de emprendedor.

Si no se acomete este proceso de crecimiento hacia la figura del empresario, se corre el riesgo de tratar de continuar llevando la empresa como se ha hecho toda la vida, con el consiguiente riesgo de pérdida de competitividad.

La empresa necesita un equipo de personas formadas, motivadas y bien dirigidas, y para esto hace falta una figura con un gran liderazgo empresarial.